EL MURO DEL DOLOR. A la hora establecida, se presenta el profesor. Su rostro nos informa de las magras calificaciones. Se detiene en el frente, erguido, con mirada severa. El futuro –comienza diciendo- llegará a ustedes con un gran desafío.
..El mundo, jóvenes, pronto se dividirá en dos. De un lado se encontrarán aquellos que supieron rápidamente cuáles eran las reglas que debían dominar. En el otro, estarán quienes no quisieron aprender a jugar. En el medio, estimados jóvenes, se levantará un gran muro, mas elevado que cualquier montaña que haya alguna vez existido.
.
El muro –continúa- separará la vida en abundancia, de la pobre vida. Ricos y pobres diferentes lugares ocuparán. Su objetivo, jóvenes, es, o aprender a jugar, o bien aprender a escalar....Repentinamente dejo de oír la voz del profesor. Levanto la vista y ya no le veo. Un elevado muro se levanta en su lugar. Sobre su irregular superficie se forman desiguales escalones. Me pongo de pie rápidamente y, corriendo, me aproximo a éste. Comienzo a subir.
.
Los primeros escalones los sobrepaso de un salto. Paso el cuarto, el quinto, el séptimo... pero al llegar al décimo... ¡ay! ¡algo horrible sucedió! ¡los escalones ya no son tales!; ahora son... ¡hombres! Sí, son humanas cabezas sobre las que debo apoyar mis pies; se tratan de personas que quedaron atrapadas cuando intentaban ascender.
.
Tengo miedo de seguir escalando, no sé que hacer, entonces me miento a mí mismo, tal como lo hace el profesor: <>, me digo, y piso a un hombre. Éste grita de dolor, por lo que salto rápidamente sobre una mujer, pero el quejido de ésta es aún más estremecedor. ¡Pobres hombres! Con todo, continúo ascendiendo y... ¡ay! ¡algunos de mis compañeros de clases están atascados allí! ¡También está el profesor! Los culpo por su egoísmo y mezquindad y les grito que tienen merecido el dolor. Se que si no logro sobrepasar el muro, habré de sufrirlo yo también, por ello no dejo de correr. Paso por encima de ellos; comienzo a llorar.
.
Subo más y más, pero... ¡ya no puedo continuar! ¡qué hacen los niños aquí! ¿cómo los trajeron? ¿bajo qué engaños? ¡si los niños nada saben del hombre y su estupidez! Algunos padres tienen a sus hijos aferrados a sus cuerpos. - ¿Qué sucedió papá?-pregunta un niño. –Esto tenía que suceder- responde el padre. ¡Miserable!, le digo, antes de pisarle la boca. Sigo corriendo, y llorando, sin mirar adonde apoyo los pies. Estoy llegando a los últimos escalones. Escalo con desesperación hasta aproximarme a la cima, pero al pisar el anteúltimo escalón, algo extraño sucede, pues, de un momento a otro, su superficie se transforma, asemejándose a la de un espejo.
.
Me inclino levemente, mirándolo. ¡Qué horror! ¿En qué momento mi reflejo dejó de ser el que solía ver? ¿En qué momento me transformé? ¡Así no deseo ser! Desesperado, miro hacia abajo... ¡que elevada altura alcancé! Levanto la vista. Ya puedo ver el otro lado. Observo. El lugar es bello, la vida es tranquila, ¡pero falta mucho amor! Vuelvo la mirada sobre el espejado escalón.
.
Luego, desciendo algunos escalones y, sujetando con los brazos a los niños que logro alcanzar, doy un salto hacia el vacío...- Por ello, jóvenes –vuelvo a oír al profesor- es mejor que aprendan a jugar antes que se levante el muro. Aquí les enseñamos las reglas. ¡Dedíquense a aprender!- ¡No!- grito yo, parándome sobre el pupitre-. ¡Mejor sería que no existan las reglas, mejor sería que no hubiera ningún juego! ¡Mejor sería aprender a amar, para que ningún muro se llegue a levantar! Esas fueron las últimas palabras que dije delante del profesor. Luego debí buscarme otra academia en donde aprender las reglas, a pesar de que no deseo jugar.
.
Historias tomadas de Horacio Simes


2 comentarios:
Precioso texto Marco, òjala no hubiera reglas. Sin embargo las hay, y tantas...un abrazo desde Italia.
Sara M.
Excelente Post Marco.. a mi me hizo pensar y tiene mucho sentido lo que dices.. creo que coicide con la realidad del pensamiento de muchas personas.. como dice sara.. ojala no hibieran reglas pero las hay... y es la ley de la vida..
Saludos desde Paraguay
Publicar un comentario en la entrada